En la pintura de Ioan Oniciuc irradian las calidades tan apreciadas por aquellos que le conocen personalmente: sensibilidad, creatividad y responsabilidad. Ioan Oniciuc logra, conservando y transportando, asimilando y atrayendo la base mitológica y religiosa de Rumania, para acercarla de la que está en España la composición mitológica de Quijote. Nos alegramos por el don de confianza y esperanza que nos brinda a través de esta exposición.
António Calderon de Jesus, critico de arte.
António Calderon de Jesus, critico de arte.
Oniciuc asalta la frontera de mito y realidad e imagina a Don Quijote, nuestro Quijote,
junto a Sancho, nuestro Sancho Panza, recorriendo, en una salida más, Targu Jiu, ante el singular conjunto de Constantin Brancusi. Una salida en la que se cuenta sobre el inesperado viaje de Don Quijote y Sancho Panza en busca del silencio infinito. El Quijote y Sancho Panza, personajes de ficción, de novela, mito y símbolo internacional, que sin dificultad son vistos como una encarnación real. Pasee el lector por la Mancha
y creerá en la verdad de sus existencias. Brancusi, escultor de fama internacional, hombre de carne y hueso, vuelto símbolo, santo y seña intemporal por toda Rumania. Los tres, caballero, escudero y escultor -su obra- , mitológicos o reales, juntos, frente a frente, bajo la atenta mirada de un rostro reconocible, en un solo cuadro. Se trata de un motivo tan arriesgado como acertado en el resultado: Rumania y España dándose la mano a través del arte.
Martín Cid, escritor..
junto a Sancho, nuestro Sancho Panza, recorriendo, en una salida más, Targu Jiu, ante el singular conjunto de Constantin Brancusi. Una salida en la que se cuenta sobre el inesperado viaje de Don Quijote y Sancho Panza en busca del silencio infinito. El Quijote y Sancho Panza, personajes de ficción, de novela, mito y símbolo internacional, que sin dificultad son vistos como una encarnación real. Pasee el lector por la Mancha
y creerá en la verdad de sus existencias. Brancusi, escultor de fama internacional, hombre de carne y hueso, vuelto símbolo, santo y seña intemporal por toda Rumania. Los tres, caballero, escudero y escultor -su obra- , mitológicos o reales, juntos, frente a frente, bajo la atenta mirada de un rostro reconocible, en un solo cuadro. Se trata de un motivo tan arriesgado como acertado en el resultado: Rumania y España dándose la mano a través del arte.
Martín Cid, escritor..
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Un hombre que descubre un secreto tan colosal, nada más y nada menos que la Atlántida, y que es
capaz de traer en sus relieves parte de la fantástica isla, debería sentirse extraño entre el resto de mortales. Sin embargo, Oniciuc se encuentra cómodo entre nosotros, se siente acogido en España y, antes que extranjero en tierra desconocida, se sabe hermanado en el mundo latino y mediterráneo.
Héctor Martínez, filósofo.
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